LA & FRNDS

En 2023 nos contrataron para hacer una segunda unidad en los Ángeles de los Tao Brothers. Era una buena oportunidad económica y una excusa para hacer un viaje.
Sin embargo, los llamados eran salteados. No recuerdo bien, pero creo que eran tres días, dos días seguidos y el último tres semanas después.

Eso significaba que había que estar en LA al menos tres semanas gastando y viviendo como un gringo y eso era realmente impensable.

Lo chido fue que todo se acomodó y por azares del destino, nos ofrecieron dos videos musicales: uno de Danny Luxx y otro de Nicole Zignago (que fue más bien porque le dijimos que íbamos a estar allá y le encantó la idea de filmarlo ahí; ella estudió ahí y tiene un montón de conocidos, lo que facilitó muchas cosas en ese rodaje).

Al final estuvimos casi tres meses viviendo en Los Ángeles.

Durante esos días, brincando de un departamento a otro, entre Venice Beach, Glendale, Malibu y Silver Lake, salíamos a la calle a observar la ficción americana. Con un par de bicicletas, mucha pineapple Express y Sweet Emotion reproduciéndose en nuestros auriculares nos sentíamos reyes de esa ciudad. Recorriéndola de sur a norte y de oeste a este.

Yendo a un llamado de los Tao Brothers – de las pocas veces que usamos Uber – nos tocó de conductor Scott. Uno de estos italo-americanos estilo Joe Pesci, De Niro que le gustan a Scorsese. Fue un viaje largo. Este tipo en esos 50 minutos nos contó gran parte de su vida, en la que a grandes rasgos nos dijo que había pertenecido a la mafia de Chicago, los horrores que vio y los que le tocó hacer; y que ahora era un multimillonario viviendo la vida en su departamento con vista al mar en Venice Beach. Difícil de creer. Pero era un tipo excéntrico. Todo lo que decía lo actuaba o le ponía cierto dramatismo. Desde sonidos especiales (recuerdo mucho el bum bum pow que hacía cada que se refería a balazos), hasta la modulación y el cambio de voz según el personaje. Nos cayó tan bien y su historia fue tan interesante que le pedimos su número. Aparte, nos dijo que nos iba a dar un tour auténtico por Venice Beach, y no por el lugar turístico que ahora todos conocen.

Un día o dos después caminando por Venice Beach nos detuvimos a ver a las y los patinadores. Recuerdo que una chica me cautivó por la forma en la que se deslizaba y sentía la música. Era un ritmo y una cadencia única. Transmitía paz, amor y ni una preocupación más allá del presente. Así que cuando por fin se cansó, me acerqué para hablarle. Ella se hace llamar Sharon Love, y es una enfermera retirada que ahora vive en una Caravan estacionada cerca de la playa. Su vida es esa: patinar y bailar.
Platicamos como dos horas con ella y le pedimos su número también.

Llegando al departamento donde nos hospedábamos comenzó a crecer esta semillita de decir, bueno y ¿por qué no hacemos un documental? Tenemos muchos días libres sí, pero…
Uno no teníamos ninguna cámara a nuestra disposición.
Dos no teníamos idea de cómo sostener estas historias para hacer un documental.

Entonces lo primero que hicimos fue seguir la conversación.
Sin afán de grabar ninguna imagen.

Scott pasó por nosotros a donde nos hospedábamos. Era una mañana nublada, incluso recuerdo que llovía un poco. Primero nos dijo que nos invitaba un café, y nos llevó por uno. El pagó. Efectivamente todo el barrio lo saludaba y lo conocía.

Después fue a un dispensario de marihuana. Ahí compró lo suyo, no sin antes preguntarnos que si fumábamos algo en especial. Negamos. Concluida su rutina mañanera nos abrió las puertas de su casa. Un pequeño departamento cerca del muro de Jim Morrison. Front Line of LA.

Adentro una pequeña cocina con estragos de cocaína y marihuana; una sala con un televisor encendido, aunque nadie lo estuviese viendo, un poster gigante de Boogie Nights de Paul Thomas Anderson, un baño con regadera y un cuarto, en donde dormía su hijo en pelotas (“please ignore him, he is a Little bit weird”, nos decía Scott) y un cultivo de marihuana crecía.

Ahí después de prender un porro, comenzamos a hablar de su vida. Desde los primeros años en Chicago hasta los últimos días en LA. Su filosofía de vida. “You gotta be ready to fight. You gotta be ready. I was born ready”
Hubo un momento que su hijo se levantó, se sentó en la barra de la cocina, dijo “hi, nice to meet you”, y como si nada no paró de esnifar cocaína.
Una línea tras otra desde las 9 de la mañana con intervalos en los que interrumpía la entrevista y decía “Dad tell them about Maurice” (quien sabe quién era Maurice) o “Dad tell them about Vegas” (“oh that´s just a silly whore story”, replicaba Scott)

En algún momento yo estaba muy drogado también.
La conversación se fue deep in translation, y dejé de entender.
Luego de dos horas o más de grabación, salimos a dar la vuelta al barrio. Mientras caminábamos Scott nos enseñó Muscle Beach, nos contó la historia de Arnold Schwarzenegger y cómo se hizo Terminator y luego gobernador de California; la mítica figura de Abot Kinney y la apuesta que cambió el destino de Venice para siempre; los hermosos canales venecianos; el movimiento hippie en el Vietcong; las pandillas de los años 80´s y los murales históricos.
Había sido un día grandioso. Raro. Pero grandioso.

Lo mismo hicimos con Sharon Love. Nos encontramos ahí para patinar, y luego de terminar platicamos con ella pero ahora si grabándola. Ella habló de su vida. Creo que más bien la palabra sería reflexionó sobre ella. Ella pensaba que nosotros estábamos ahí enviados por Dios para que registráramos su vida. Que era una señal y que ella tenía que esparcir lo mucho o poco que sabía sobre el amor. Así que como en una película, ante un día de puta madre, Sharon Love reflexionó hacia atrás lo que la había llevado hasta ahí. Lo que sintió al ser madre, su tiempo como enfermera, el amor fallido con su esposo, sus conceptos sobre el amor, la libertad y sobre todo el viaje sagrado del si. Ese si que le ha costado tiempo, dinero, a veces libertades, pero ese si tan bendito del que ella es dueña. Como lo es su decisión de ahora a los casi 70 años de vivir sola en una Caravan en la playa, patinando y bailando todos los días con la bendita jubilación norteamericana.

Fue una plática tan hermosa e igualmente tan profunda, que tanto Sharon, Julián y yo acabamos con lágrimas en los ojos y dándonos un abrazo.

Un día tratando de recopilar lo mejor de la entrevista, nos dimos cuenta que si queríamos hacer algo audiovisual tenía que ser corto. No más de un minuto. Y nos dimos la tarea de hacer con esas pláticas de dos horas, un resumen que hablara por si solo de estos dos personajes que conocimos azarosamente. Recuerdo que Sweet Emotion fue la guía para marcar el pace y el ritmo de las piezas que solo imaginábamos con una polaroid que le saque a cada uno de ellos.

Durante esos días, habíamos estado fantaseando con comprarnos una cámara de 16mm. Julián estuvo en Facebook Market y en varios sitios monitoreando, hasta que un día salió una ARRI SR3 a la venta en muy buen estado y precio. Recorrimos toda la ciudad en metro y camiones (LA es una pésima ciudad para hacer esto) desde Venice Beach hasta Melrose Ave. Nos enamoramos a primera vista, pero el dueño dijo, con una cara muy seria, “You got to pay today, or I sell it tomorrow”
Así que hicimos una llamada para juntar el dinero que nos hacía falta (Gracias Memo, Pony y Ahmed) para finalmente tenerla. El puto sueño realizado.

Ya teníamos cámara (y qué cámara) para filmar los dos videoclips que teníamos pensado hacer, y aparte la intención de hacer con las latas sobrantes nuestros pequeños documentales que fuimos maquinando a lo largo de los días.
Nuestra intención era y sigue siendo hacer más, pero solo por diversión.
Solo de gente que conozcamos de forma natural y que tengan algo interesante qué decir (¿quién no tiene?).

De ese viaje podría contar muchísimas anécdotas. Pero esas, me las llevo al corazón. En el viaje se unieron a nosotros James, Pelayo y Kelly en algún momento; nuestra manada creció y conocimos los increíbles árboles Sequoia; nos abrieron las puertas de su casa Anna y Layne y también Rodrigo y Ale; fuimos migrantes durmiendo de cucharita en un sillón apretados sin aire acondicionado por cinco días en el barrio armenio; pero también probamos lo que es vivir en Malibu e ir al super y encontrarte a Jonathan Banks.

A LA ojalá que regresemos muchas veces. En mejores condiciones. Con mucho más conocimiento.
Es una ciudad que queremos mucho y en donde nació esta pequeña serie titulada FRNDS. Simplemente por el gusto de hacer nuevos amigos.

La foto es de Valeria Laison, quien estaba el día que grabamos a Scott en su casa. Es una gran foto, lástima que Vale se asustó de Scott y ya no tomó más.
No la culpo. Scott es un tipo raro. Un buen tipo, pero raro.